domingo, 24 de enero de 2021

Sobre Cinéfilos y Cinefilia.


Me gusta el término CINEFILIA porque suena a enfermedad, como la Hemofilia o a transtorno, como las Parafilias.

En mi paso por las redes me he encontrado con CINÉFILOS de lo más variados estilos que hoy, por puro aburrimiento, voy a tratar de describir.

Empecemos por el CINÉFILO DE MANUAL. Este es el cinéfilo políticamente correcto, al que le gustan las películas que se suponen le deben gustar a cualquier amante del cine. Lee libros o blogs o mínimo Wikipedia, buscando coincidir con las listas de críticos y no se sale de estos marcos conceptuales. Cree de buena fe que los festivales de cine y la “Academia de artes y ciencias cinematográficas” premian solo lo mejor de lo mejor. Si quieres su opinión, Roger Ebert te la dará por él.

Sigamos con el CINÉFILO CINÉFAGO. Este espécimen no ve películas, las devora sin compasión. Lo importante para él es la cantidad de cine que puede mirar en un día, en una semana o en un mes. Es de los que declara con arrogancia que se acaba de ver la filmografía completa de Hitchcock, o que en una sola tarde se fagocitó Satantango o Berlín Alexanderplatz o el Decálogo o las versiones extendidas del Señor de los Anillos. Es el bulímico que se atraganta con el séptimo arte y luego lo vomita en forma de opinión.

Viene reclamando su lugar el CINÉFILO DEFENSOR DE LAS CAUSAS PERDIDAS. Este agradable sujeto, encuentra un placer orgásmico defendiendo películas que fueron un fracaso o que todo el mundo odia. De hecho, se considera intelectualmente superior a sus contrapartes, por el simple hecho de entender lo que ni los críticos, ni el público, ni nadie más supo comprender. Es de los que te dice que el Padrino III es incluso mejor que sus predecesoras, pero que la crucificaron injustamente por un casting impopular. También declara que John Carter es más compleja y rica argumentalmente que Indiana Jones o que Star Wars y no se sonroja al afirmar que la mejor película de James Bond es Otro día para morir o En la mira de los asesinos. Es un salmón que le gusta nadar a contracorriente. Su sueño húmedo es convertir (él sólo) una cinta impopular en una película de culto, como The Room (y que el mundo se lo reconozca)

Desde una alcantarilla se asoma brevemente el CINÉFILO UNDERGROUND. Este personaje viene en dos sabores: el primero es el de chocolate, solo ve y le gusta el cine obscuro conocido por una selecta élite de arqueólogos cinematográficos. Si la película ganó algún premio, se estrenó en un teatro, tuvo algo de “taquilla”, tiene un actor conocido o apareció reseñada por un crítico en algún medio, ya pierde los méritos para ser adorada por él. Moebius, Gorod Zero, Mosholu Holiday, Marilyn Times Five, son solo algunos de los títulos que a ellos les gusta rumiar una y otra vez. Suelen aislarse en grupillos lanzando nombres que solo ellos conocen. El segundo es el de vainilla, no es tan extremo, su espectro es más amplio PERO tiene un gusto adquirido por lo rebuscado. Para él Fellini y Bergman son demasiado “mainstream”, él se verá más atraído por Ozu o por Mizoguchi que por Kurosawa. Él reconocerá que le gusta Witness for the Prosecution tanto como a ti, pero te tratará condescendientemente al descubrir que no consideras que Ace In The Hole o Double Indemnity son las mejores cintas de Billy Wilder. No sería extraño verlo afirmar que el Topo es el mejor Western de la historia, muy por encima de cualquier cosa hecha por Leone o Ford.

Aterriza estrepitosamente el CINÉFILO BUSCAPLEITOS. Este es un troll en todo el sentido de la palabra, escogió el cine pero bien podría hacer lo mismo con la literatura, la música, la pintura (y probablemente lo hace). El dirá y hará cualquier cosa para exasperar a sus colegas. Pauline Kael es su diosa (por supuesto, no entienden la contribución espectacular de Pauline a la cultura cinematográfica). El ataque personal es su arma preferida, después de criticar lo que acabas de postear, te dirá que eres un idiota o que tu gusto es de afeminado (o de lesbiana) y que no tienes ningún criterio. Es difícil descubrir qué es lo que le apasiona a él, porque con tal de armar pelea, es capaz de ultrajar sus propias predilecciones.

Primo hermano del anterior es el CINÉFILO ANTI-CINE. Hace parte de “Los Cinéfilos que no Amaban las Películas”. Es fácil de identificar por el abuso de la palabra SOBREVALORADO. Para él, todo es una basura o no es tan bueno como dicen los críticos y el público. Lo verás despotricando de El Padrino, La Lista de Schindler, Ciudadano Kane y The Shawshank Redemption. Le gusta máximo una o dos películas por director, una o dos por año, una o dos por país. Es rico en expresiones cargadas de denostación: “es muy plana”, “los personajes no tienen arco dramático”, “el argumento es infantil”, “los puntos de giro parecen sacados de una clase de McKee”, etc. Cree que tiene el gusto más exquisito y refinado en la historia del arte.

Llega con desparpajo el CINÉFILO IGNARO. No confundir con el Cinéfilo Principiante. El Ignaro pavonea con descaro su total desconocimiento de directores, movimientos, películas y referencias cinematográficas. Es fan de la serie 12 monos pero jamás se ha visto la película (y no tiene intención de hacerlo). De Scorsese solo se ha visto The Irishman, cree que la mejor cinta de guerra es 1917 o Dunkerke (no tiene idea de que existe Savign Private Ryan o Full Metal Jacket o La Cruz de Hierro) Sabe quién es Robert Redford (¿no es el que se parece a Brad Pitt?) Pero Bette Davis o Mastroianni ya son nombres demasiado rebuscados para él. Lo que lo hace particularmente irritante, es que cuando le recomiendas algo, dice: el cine ya evolucionó, hay que pasar la página, ya todo está contado y superado.

Viene el CINÉFILO DE NICHO. Este es el que se atrinchera en un género, en un director, en una corriente determinada y de ahí solo saldrá con los pies por delante. Es fácil de reconocer porque en su bio pone cosas como: In Villeneuve We Trust o Amante del Cine de horror y de suspenso. Ellos están petrificados en el ámbar de su propia complacencia. Es difícil hacerlos hablar en buenos términos de otros intereses. Son una buena fuente de aprendizaje y profundización en temáticas específicas, pero aburren pronto.

De los dominios del Excel y Letterboxd llega el CINÉFILO ARCHIVISTA. Este es adicto a las listas, a las encuestas, a las catalogaciones sistemáticas. Es el que hace conteos, el que tiene una curiosidad insaciable por saber si te gusta más Terminator 1 que Terminator 2, o te dice: Escoge dos de estas secuelas y las demás jamás existieron (Aliens, Godfather 2, Blade Runner 2049 y El imperio contraataca). Se lanza a tareas titánicas como escoger la mejor película del año, la mejor actriz de la década, el director más influyente del siglo, etc. es divertido, pero también termina aburriendo pronto.  

Y por último, pero no por ello menos importante, tenemos al CINÉFILO SAVANT. Este cinéfilo se regodea en los detalles conocidos y poco conocidos alrededor del cine. Es casi una trivia viviente. Es tremendamente entretenido y sus hilos son como clases virtuales. No se desgastan en opiniones y subjetividades, su anzuelo en las esquivas redes sociales son los datos y a muchos les funciona.

Esos son con los que me he encontrado, la mayoría de los ejemplos los tomé de cosas que he leído de verdad. Se me quedan algunos entre el tintero, como el CINÉFILO CLOWN que hace y distribuye Memes y publica fotos con La Roca y la frase: Feliz Cumpleaños Vin Diesel o el CINÉFILO HIPER-CULTO que no puede dejar de encontrar referencias del Bosco o de Lacan en el Cine de Tarkovski o de Buñuel o el CINÉFILO CASI-DIRECTOR que de tanto ver y hablar de cine, está a un paso de escribir o hacer la mejor película jamás hecha. Pero bueno, a otras mentes más preclaras les corresponderá llenar los espacios faltantes. 

Gracias por Leer y que viva el Cine.